miércoles, 23 de junio de 2010

ARTE FIGURATIVAS BIZANTINAS


"La iconografía construye una imagen de la misma forma que se estructura una frase o un discurso, utilizando y combinando elementos de origen diferente, según reglas comparables a las de la gramática.
(...) En una imagen realizada por un pintor o un escultor, la parte creativa, la personal, de hecho es mínima: todo lo demás pertenece al vocabulario normal de las artes visuales, es decir al lenguaje de utilización general o incluso, a veces, a un lenguaje técnico especial ya constituido. De esta forma, el creador será comprendido por los que le rodean, lo que constituye el objetivo evidente de toda expresión, tanto en imágenes como en palabras. La iconografía cristiana de la Antigüedad tardía siguió esta regla general, como lo testimonian las numerosas obras hechas a base de cliches o de fórmulas artísticas contemporáneas menos triviales, pero en cualquier caso muy corrientes.
(...) Esta clase de esquemas comprende la mayor parte de las fórmulas de representación de la figura humana, tema central de todas las antiguas imágenes cristianas, incluidas las de Cristo, la Virgen y los santos. Así, la iconografía cristiana aparece poblada de personajes que figuran necesariamente en una u otra de las actitudes más comunes, de pie, sentados o acostados."
ANDRÉ GRABAR: "Las vías de la creación en la iconografía cristiana"

"El estilo bizantino pudo arraigar en todos los sitios donde existía un arte cristiano, únicamente porque la Iglesia Católica de Occidente aspiraba a convertirse en el poder que era ya en Bizancio el emperador. El objetivo artístico de ambos era el mismo: la expresión de la autoridad absoluta, de la grandeza sobrehumana, de la mística inaccesibilidad. La tendencia a representar de manera impresionante a las personas dignas de respeto y reverencia, tendencia que se hace cada vez más fuerte a partir de los últimos tiempos de la época imperial, alcanza su punto culminante en el arte bizantino.

También ahora, como lo fue antaño en el arte del Antiguo Oriente, el medio artístico con que se busca alcanzar ese fin es, ante todo, la frontalidad. El mecanismo psicológico que con él se pone en marcha es doble: por una parte la actitud rígida de la figura representada frontalmente obliga al espectador a adoptar una actitud espiritual correspondiente a aquella; por otra, el artista pregona, mediante tal actitud de la figura, su propio respeto al espectador, al cual se imagina siempre en la persona del emperador, su cliente y favorecedor. (...) Mediante la frontalidad, toda representación de una figura adquiere en cierta medida el carácter de una imagen ceremonial.
El formalismo del ritual eclesiástico y cortesano, la solemne gravedad de una vida ordenada por reglas ascéticas y despóticas, el afán protocolario de la jerarquía espiritual y temporal coinciden por completo en sus exigencias frente al arte y hallan su expresión en las mismas formas estilísticas".
ARNOLD HAUSER: "Historia social de la literatura y del arte"

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