sábado, 3 de enero de 2009

LA VANGUARDIA HISTÓRICA Y LA GRAN GUERRA

La mecanización y el dinamismo inducido por la máquina en la vida moderna ocupa como objeto estético de la nueva civilización un lugar central en algunas de las manifestaciones de la vanguardia histórica, como característicamente es el caso del futurismo. El estallido de la Primera Guerra Mundial puso al descubierto la fuerza destructora de la máquina, al tiempo que la exploración artística de la mecanización celebraba las cualidades estéticas de ese mismo agente del fervor marcial.
Con el idioma pictórico del cubismo como principal punto de partida, se desarrolló un lenguaje heráldico en torno a 1914 que daba pábulo al militarismo y a la insurgencia patriótica. Con diversas obras que podemos ordenar en el género de las naturalezas muertas se presenta en esta sección esa transformación del cuadro en proclama, en ofrenda heráldicaEstas obras no documentan acontecimientos, lo que hacen es transmitir la celebración de una fiesta patriótica.
Este cuadro estaba en su caballete cuando cerró su taller para alistarse en el ejército.
FERNAND LÉGER: “El 14 de julio”

MANIFIESTO FUTURISTA
¡A los artistas jóvenes de Italia! El grito de rebelión que lanzamos, asociando nuestros ideales a los de los poetas futuristas, no parte de una capillita estética, sino que expresa el violento deseo que hierve hoy en las venas de todo artista creador.Nosotros querremos combatir encarnizadamente la religión fanática, inconsciente y snob del pasado, alimentada por la existencia nefasta de los museos. Nos rebelamos contra la supina admiración de las viejas telas, de las viejas estatuas, de los objetos viejos y contra el entusiasmo por todo lo que está carcomido, sucio, corroído por el tiempo, y juzgamos injusto y delictivo el habitual desdén por todo lo que es joven, nuevo y palpitante de vida.¡Compañeros! Nosotros os decimos que el triunfante progreso de las ciencias ha determinado en la humanidad cambios tan profundos que ha abierto un abismo entre los dóciles esclavos del pasado y nosotros, libres y seguros de la radiante magnificencia del futuro.Nosotros estamos asqueados de la pereza vil que, desde el siglo XVI, hace vivir a nuestros artistas de una incesante explotación de las glorias antiguas.Para los demás pueblos Italia sigue siendo una tierra de muertos, una inmensa Pompeya blanqueada de sepulcros. Pero Italia renace, y a su resurgimiento político sigue el resurgimiento intelectual. En el país de los analfabetos se multiplican las escuelas: en el país del dolce far niente rugen ya innumerables fábricas: en el país de la estética tradicional alzan el vuelo inspiraciones fulgurantes de novedad.Sólo es vital el arte que encuentra sus propios elementos en el ambiente que lo circunda. Así como nuestros antepasados hallaron materia de arte en la atmósfera religiosa que dominaba sus almas, nosotros debemos inspirarnos en los milagros tangibles de la vida contemporánea, en la férrea red de velocidad que abraza la Tierra, en los transatlánticos, en los acorazados, en los vuelos maravillosos que surcan los cielos, en las audacias tenebrosas de los navegantes submarinos, en la lucha espasmódica por la conquista de lo desconocido. ¿Y podemos permanecer insensibles a la frenética actividad de las grandes capitales, a la psicología novísima del noctambulismo, a las figuras febriles del vividor, de la cocotte, del apache y del alcoholizado?Como queremos contribuir a la necesaria renovación de todas las expresiones de arte, declaramos la guerra, resueltamente, a todos los artistas y a todas las instituciones que, aun camuflándose so capa de una falsa modernidad, siguen atascados en la tradición, en el academicismo y, sobre todo, en una repugnante pereza cerebral...
Tomado de Mario De Micheli. Las vanguardias artísticas del siglo XX. Madrid. Alianza Editorial, 1988
LUDWIG MEIDNER:“La casa de la esquina”, 1913
Muestra una construcción inestable y parece que es una premonición de lo que ha de convertirse en ruina.
Futuristas y patéticos compartían el espíritu revolucionario, pero se diferenciaban en que mientras los primeros exaltaban las virtudes del progreso, los segundos veían en ello una amenaza para la sociedad.
El trabajo de decenas de autores encuadrados en la principales corrientes del arte nuevo reunidos en esta exposición mostrará, entre otros asuntos, la misión profética que asumió el arte de vanguardia en relación a los acontecimientos que van a determinar su crisis, la capacidad de los nuevos lenguajes artísticos para convertir sus representaciones en divisa visual del belicismo, las diversas derivaciones de una escritura apocalíptica que emerge y muere en ese periodo, o la posición de denuncia ante el disparate de la contienda que asumieron también algunos artistas.
“En nuestra época, la de la gran lucha por el arte nuevo, combatimos como salvajes, como no organizados contra el viejo poder organizado. La lucha parece desigual; pero en los asuntos espirituales nunca gana el número sino la fuerza de las ideas.
Las temidas armas de los “salvajes” son sus nuevos pensamientos; matan mejor que el acero y quebrantan lo que se tenía por inquebrantable”
FRANZ MARC: almanaque “Der Blaue Reiter”
Franz Marc se alistó en el ejército como voluntario y murió en 1916 en Verdún. Una granada les alcanzó a él y a su caballo durante una expedición de reconocimiento. En las trincheras fue recogiendo reflexiones que tras su muerte se publicaron con el título de “Los cien aforismos. La segunda visión”
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