sábado, 24 de octubre de 2009

ÓPERA DE OSLO Y PROYECTO LAMBDA

El Premio Mies 2009, para una sobria inclinación
La Comisión Europea y la Fundación Mies van der Rohe han otorgado al edificio proyectado por el estudio de arquitectura de Snøhetta, la Ópera y el Ballet Nacional de Noruega, Oslo, el Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europa, Premio Mies van der Rohe 2009.
El presidente del jurado ha afirmado que: “La Ópera y el Ballet Nacional Noruego de Oslo es más que un simple edificio. En primer lugar, es un espacio urbano, un regalo para la ciudad. El edificio se puede considerar un catalizador de todas las energías de la ciudad y es un emblema de la regeneración de su tejido urbano.”

Sobre un fiordo
Este edificio emblemático realizado por Snøhetta, quien también proyectó la nueva Biblioteca de Alejandría (2002), es el mayor centro cultural construido en Noruega en los últimos 700 años. El tejado de piedras inclinadas -compuesto por 36.000 piezas encajadas– se levanta del fiordo; permite que el público, los residentes y los asistentes a la ópera anden por encima del edificio, lo que crea una relación con la estructura pública.
Andar por el techo
En el exterior del edificio, la estructura más impresionante es el blanco artesonado de piedra inclinada que surge directamente desde el fiordo Oslofjord y que da a los visitantes la oportunidad de disfrutar de un paseo y de las vistas de la ciudad.
Desde el fiordo, se puede ver que una de las fachadas del edificio tiene paneles solares. Se trata del espacio con más paneles solares de Noruega, lo que permite suministrar al edificio la energía que necesita.
Una plaza en el tejado
Como si se tratara de una partitura, las figuras de los paseantes se suceden como notas musicales, sobre los pliegues blancos del techo de la nueva Ópera de Oslo, convertido en una gran plaza urbana. El mármol blanco y el cristal lo asemejan a un témpano que emerge de las aguas del fiordo. “Un hermoso espacio público, abierto y de fácil acceso”, como define Tarald Lundevall, uno de los arquitectos responsables del proyecto firmado por el estudio noruego Snøhetta.

Funciona como elemento articulador de la renovación del frente marino de la capital noruega.
“La gente de Oslo acude cada día a pasear por su tejado", explica Tarald Lundevall.
De hecho, Snøhetta se vanagloria de tener muy en cuenta el contexto urbano y cultural a la hora de enfocar cada trabajo. "En nuestro estudio es un elemento fundamental, y no sólo en relación al paisaje exterior. Aquí el tejado, blanco e inclinado, es en sí mismo un paisaje urbano".


En el espacio interior de mil metros cuadrados, que está revestido con carpintería fina (aplicando los sistemas tradicionales de los constructores de barcos noruegos), encontramos numerosas obras de arte entrelazadas con el tejido estructural

Lo funcional se une a lo simbólico
Lundevall explica que el cliente de la ópera, el ministerio de Cultura noruego, pedía que el edificio fuera a la vez funcional y monumental, "representativo, como una declaración de las cualidades noruegas".
En lo que respecta a la monumentalidad decidieron reinventar este término y frente a lo que marca la tradición, amante de la verticalidad simbólica, optaron por una nueva manera de entender la monumentalidad escandinava.
La funcionalidad la consiguieron trabajando de manera muy estrecha con sus futuros usuarios para diseñar una especie de "fábrica" con espacios muy flexibles en los que, sin embargo, no renunciaron a la belleza mediante un cuidado revestimiento de madera fina trabajada de manera tradicional.
Una ópera varada entre los fiordos
Lundevall, para quien pase lo que pase, lo que está claro es que la sostenibilidad será uno de los factores que más deberán tener en cuenta los arquitectos. "Cambiará nuestra manera de pensar y de construir. Es el gran desafío actual de la arquitectura". Fuente: Catalina Serra, EL PAÍS

Ambiciosa aventura
La Ópera de Oslo firmada por el estudio Snøhetta es la primera pieza de una operación que transformará completamente la lectura y el uso de un enclave que quiere reivindicarse a sí mismo como Fijord city. Y es que, como tantas ciudades desarrolladas a espaldas del mar, Oslo depositó en las riberas de su fiordo las instalaciones portuarias cerrando a sus habitantes el contacto con el agua.
Ahora, esos terrenos ganados al mar han legado un perímetro bellísimo de geometría artificial formado por una serie de penínsulas que recibirán diferentes edificios culturales, como la Biblioteca Nacional y el nuevo Museo Munch, pero que también incluyen construcciones residenciales y comerciales con el fin de extender con no poca naturalidad la ciudad verdadera, y no sólo la de las grandes actuaciones, hasta la orilla.
El edificio explota su emplazamiento convirtiéndose en resolución topográfica del encuentro de la tierra firme con el fiordo y hace de su cubierta un lugar público que ha adquirido una importancia máxima entre los espacios abiertos de la trama urbana.
Su desarrollo horizontal y su construcción a base de pliegues de mármol blanco hacen aflorar su condición geológica como si fuera una cantera que siempre estaba ahí y hubiera sido tallada por los arquitectos.
Y su interior es, en cierto modo, una prolongación de la ciudad con el vestíbulo imponente y luminoso y sus restaurantes formando una plaza cubierta bajo el gran solárium en donde una población que adora el sol puede abandonarse a su contemplación.
Snøhetta ha sabido hacerlo todo bien, rodearse de artistas para trabajar una buena serie de acciones singulares, construir unas salas que son un prodigio espacial y acústico, resolver los mil problemas que un programa tan complejo pone sobre la mesa sin que hayan dejado huella en la construcción, y con todo ello, ofrecer a su ciudad un regalo inesperado.
Proyectar y construir la Ópera ha debido resultar una empresa llena de contratiempos, de ésas que sólo los arquitectos más ilusionados son capaces de afrontar convencidos de que el futuro vendrá para olvidar todo dolor. Oslo puede estar hoy más orgullosa de su Ópera y de este premio, pero sobre todo, de haber confiado en la arquitectura para cambiar su historia y, gracias a ello, puede mirar confiada hacia unos tiempos nuevos en los que todo lo aprendido en esta primera gran acción será el mejor bagaje para continuar su extraordinario proyecto.
Artículo de Juan Herreros, arquitecto y ganador del proyecto para el nuevo Museo Munch de Oslo.


Proyecto Lambda, para la bahía de Oslo
La Ópera de Oslo forma parte del proyecto Lambda. En la imagen se puede apreciar el aspecto que tendrá la bahía de la capital noruega tras la realización del proyecto. En primer término, el edificio de la Ópera, ya construido, y a la derecha, el nuevo Museo Munch.
Un arquitecto español para la nueva Oslo
Juan Herreros será el encargado de abrir la capital noruega al mar.
Siguiendo el ejemplo de otras ciudades marítimas ( Barcelona o Bilbao y la recuperación de su ría), la capital de un país que ama profundamente su naturaleza se prepara para abrazar definitivamente el mar. De modo que en 2011, la silueta de esta capital modelo de sociedad avanzada, ya no será la misma. El Museo Munch se ha configurado como la proa de una soberbia renovación urbanística que conquistará para la ciudad una isla naturista, una playa, un parque, un barrio de viviendas sostenibles y una librería.
Todo este conjunto de edificaciones, denominado Munch Area, ocupará una superficie de 50.000 metros cuadrados de Bjorvika, un barrio cargado de historia en la bahía de Oslo pegado al fiordo. Y será realizado por el estudio de Juan Herreros (El Escorial, Madrid, 1958), que acaba de ganar el proyecto en un concurso internacional al que concurrieron 20 equipos seleccionados con criterios muy estrictos, entre los que se encontraban Zada Hadid y Tadao Ando. Herreros se presentó bajo el seudónimo de Lambda, la letra griega con la que se representa la longitud de onda en fenómenos como la luz o las olas del mar y que también sirve de lema al proyecto. A esa representación obedece el envoltorio del edificio preeminente, el Museo Munch, que se ha forrado de vidrios ondulados para que reaccionen a los cambios de la temperatura del agua o del aire, como termómetro de las condiciones externas.
El museo se inspira en el lenguaje exuberante de su futuro morador, el pintor noruego Edvard Munch que falleció en 1944 dejando un profuso y desordenado legado que heredó su ciudad natal, Oslo.
(...) Una de las cuestiones que ha destacado el jurado es que el Museo Munch dialogue con la Ópera "al mismo nivel de importancia", manifestó el jurado, presidido por el arquitecto suizo Valerio Olgiatti, que arrastra la fama de ser un radical. "Es una declaración de arte y de acceso público para el fiordo. El edificio es elegante y emblemático por su simplicidad y será una torre de luz en la entrada del fiordo generando un sorprendente lugar para que las personas gocen del singular paisaje de Oslo".
(...) "A la sombra de estos edificios surge una nueva ciudad y una nueva forma de moverse", resume Juan Herreros, profesor en la Escuela de Arquitectura de Madrid y en la de Columbia de Nueva York. "Oslo es una ciudad ejemplar por su interés por la arquitectura y por su austeridad. También por ser una sociedad muy civil que renuncia a la ostentación y elige un modo de vida austero y tranquilo y eso me atrae mucho". "Este proyecto ha sido un regalo extraordinario".
Mª José Díaz de Tuesta, EL PAÍS

2 comentarios:

clariana dijo...

¡Hola Ana!
Me gusta el enclave donde está situado el edificio y este proyecto abierto al mar que existe y del que forma parte un arquitecto español.
Belleza, singularidad, funcionalidad, geometría, reflejos externos e internos al edificio, sostenibilidad, juego de rectas, abertura al mar, abertura a todas las personas, interiores muy cuidados. ¡Es una maravilla!
Gracias por este post tan trabajado y tan interesante. Saludos afectuosos.
PD. Ayer intenté varias veces entrar en tu blog y al cabo de un rato, se me iba y con el comentario igual, me ha pasado algunas veces, te lo digo para tu conocimiento.

Ana dijo...

Clariana: tu comentario sobre este magnífico edificio me ha gustado mucho.
A menudo las ciudades portuarias no dejan espacio abierto al mar y me parece muy acertado recuperar una parte de esa costa para los ciudadanos.

Yo no conozco la mayoría de los entresijos de la informática. No tengo ni idea porque te ha ocurrido eso. Lo preguntaré mañana en el instituto a algún experto.
Gracias por tu comentario y por el aviso...ya te contaré.
Saludos

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