lunes, 22 de junio de 2009

ARTE Y DEPORTE III: ETRURIA Y ROMA

 
El pueblo etrusco se asentó en la actual región italiana de Toscana, pero con el tiempo llegó a abarcar, entre los siglos VIII y III a.C., gran parte de Italia. Etruria comprendía la región situada entre el Arno y el Tíber, en la península Itálica.
Existen diferentes hipótesis en torno a su origen, se les considera procedentes de Lidia, en Asia Menor, o bien fruto de la rápida evolución de una población protoitálica autóctona.
El arte etrusco es heredero del mundo helénico e influirá en el arte romano.
La civilización etrusca precedió en el tiempo al Imperio romano, constituyendo una de las civilizaciones más significativas e importantes para la historia del Mediterráneo.
"LUDI SACRI"
El primer texto que nos relata el origen de ciertos juegos etruscos procede de Heródoto. En él se hace referencia a los "ludi sacri", juegos gimnásticos y juegos ecuestres, que parecen una constante en las representaciones etruscas. Se celebraban con ocasión de las asambleas anuales. Esta periodicidad y la elevada profesionalidad lograda por los atletas, hacen suponer, a pesar de la ausencia de restos arquitectónicos, que debió de existir una adecuada infraestructura para la realización de actividades deportivas. Tal hipótesis encuentra su fundamento en el fresco de Tarquinia donde aparecen tribunas cubiertas para espectadores. Una importante serie de pinturas de las tumbas etruscas se refiere a juegos y espectáculos. La influencia griega es patente.
EL RITUAL FUNERARIO
Los juegos gimnásticos estaban ligados también a los ritos en honor de los difuntos. El ritual funerario etrusco era muy importante. En él encontramos practicas como la exposición del cadáver, procesiones y banquetes que culminaban con la celebración de unos juegos fúnebres.
Sus tumbas, el ajuar y la decoración nos informan de unos gustos y costumbres propios de la aristocracia. Resulta singular la representación de imágenes festivas, tales como danzas o escenas circenses, que curiosamente corresponden a los banquetes funerarios en los que los familiares rendían homenaje a los difuntos.


En las pinturas de la tumba de los Augures en Tarquinia, se representan escenas de lucha celebrada con ocasión del sepelio del difunto en ella enterrado. El artista abandonó el mundo del mito y se inspiró en escenas tomadas del mundo real.

En una escena dos púgiles desnudos y colocados de perfil combaten en lucha libre cogidos por las muñecas, entre tres grandes calderos superpuestos. La técnica empleada es el fresco, pintándose sobre el estuco con dibujos subrayados a punzón. Similares a estos grandes juegos aparecen otros vinculados a las ceremonias funerarias. La muerte de un miembro de la aristocracia era la ocasión propicia para ofrecer al difunto una serie de actividades que rompían la monotonía de la vida cotidiana. En su honor se celebraban banquetes y se preparaban competiciones deportivas, la carrera, el salto, los lanzamientos, las luchas, la hípica, salto con pértiga, aparecen recogidos en la iconografía sepulcral.
En el año 509 los etruscos fueron expulsados de Roma. Según la tradición, el último rey romano de origen etrusco, Tarquino el Soberbio, fue exiliado tras una revuelta de la nobleza. Con este acontecimiento terminaba la Monarquía en Roma para dar paso a la República y comenzaba el declive de la civilización etrusca. Hay gran diferencia entre los griegos y los romanos con respecto a la actividad deportiva. Para los griegos lo importante es la competición; los romanos conciben el ejercicio físico como juego, diversión, lo que imprime carácter a su realidad deportiva. En Roma no hay deporte en sentido estricto. Domina el espíritu de exhibición, más que de competición. Aún así, existe un objetivo : triunfar es sinónimo de destacar, de hacerse notar. El fundamento del deporte griego es el atletismo puro, la palestra y el estadio; la juventud romana preferirá siempre el circo y el anfiteatro. Para unos es la lucha entre dos o más individuos la que está en el centro y es la motivación de la actividad gimnástica o hípica; para otros es el placer y la satisfacción que proporciona la lucha pero no a los atletas mismos, sino a los que miran, a los espectadores. En Roma, lo fundamental es el espectáculo, de ahí el escaso interés por los deportes “más griegos”, que no tienen ese impacto inmediato. Esto explica el enorme desarrollo alcanzado por los combates de gladiadores en detrimento de otros deportes mas clásicos pero menos aptos para satisfacer ciertos gustos de la masa. Celebrados a la vez delante de los dioses y delante de los hombres, los juegos constituyen un espacio cómodo donde se inscriben las formas particulares de la relación de los hombres con el mundo. Los combates de gladiadores fueron un componente esencial de la vida romana. Se anunciaban previamente en las paredes de las casas, de los edificios públicos y en los sepulcros que se levantaban a la entrada de las ciudades, indicándose la ocasión del combate, el nombre del patrocinador, los que iban a luchar, el nombre de la ciudad donde se iba a celebrar y la fecha. A estas especificaciones solían añadirse otras como la hora, si se iba a extender el toldo para quitar el sol, o si habría otro tipo de diversiones como "venationes", cazas de animales. Al empezar el espectáculo, los gladiadores desfilaban dando una vuelta al circo o al anfiteatro, ataviados con sus armas y distintivos, y al llegar a la tribuna del emperador le dirigían el fatídico saludo: "Ave, Caesar, moríturí te salutant" y dirigiéndose hacia el promotor de las fiestas le presentaban las armas para que las examinase.
Para la celebración de estos espectáculos los romanos construyeron diversas edificaciones. Toda ciudad de cierta importancia acabó por tener un anfiteatro, llegando a aparecer este edificio como uno de los símbolos de la romanización. El Coliseo de Roma es uno de los ejemplos más significativos. El Coliseo fue sede de los juegos desde su inauguración en el año 80 hasta el 523, período en el que el pueblo romano disfrutó con los cuatro tipos de competiciones: las batallas navales, las luchas entre gladiadores, la caza de fieras por parte de gladiadores y aquellas en que los condenados a muerte eran ofrecidos a las fieras. Carreras de cuádrigas Cada carrera consistía en siete vueltas en torno a la espina del circo. La victoria no dependía sólo de la velocidad, sino también de la estratagema de los cocheros, que solían zigzagear para cortar el paso a los que seguían. La vuelta trágica era la séptima. El girar sobre la meta lo más rápidamente que se pudiera y el lanzarse luego en el espacio recto hasta la línea del fondo.
Las carreras se realizaban en el estadio y también en el circo. La Carrera de Aúrigas, iba precedida por desfiles de músicos y artistas, exhibiciones de animales exóticos y números de habilidad en los que avezados jinetes desafiaban a la suerte saltando entre cabalgaduras al galope, simulando cargas de caballería o simplemente, intentando coger objetos o pañuelos del cuerpo de voluntarios... que no dejaban de mirar de reojo a las cabalgaduras. Pero por lo que se pagaba la entrada era por la carrera; en ella, bigas, trigas, cuádrigas o incluso decumiuges (una extraña visión de un tiro pero compuesto por diez caballos y, por ello, prácticamente ingobernable) luchaban por imponerse en un escenario irrespirable a causa de la multitud, el polvo, la presión... y la posibilidad de una caída que en la mayoría de los casos era fatal. Cada valiente pertenecía a una cuadra concreta, que se identificaban con un color representativo y por la que los espectadores tomaban partido inmediatamente, ondeando pañuelos y chales del correspondiente color y coreando, a gritos, tanto el nombre del conductor como el de la cabalgadura. Unos y otros llegaban a ser considerados poco menos que Dios reencarnados.

Directamente derivado del tipo griego, el estadio de Domiciano en Roma, constituye el único ejemplo de estadio con gradas de albañilería hasta ahora conocido fuera de Grecia y del mundo oriental. Esta ausencia de estadios pudo ser debida al poco interés que los juegos atléticos despertaron entre los romanos. En ocasiones excepcionales, cuando se quisieron celebrar este tipo de juegos se edificaron estadios en madera que se desmontaban después de su utilización. La Plaza Navona es un ejemplo excepcional de la supervivencia topográfica del Estadio: las casas se fueron edificando sobre los restos de la cavea, conservándose la torna y las dimensiones del antiguo estadio y quedando libre de construcciones todo el área de la pista.

El circo, cuya forma parece que deriva del hipódromo griego, era el espacio destinado a las carreras de caballos, aunque antes de la construcción del anfiteatro, albergó también los combates de gladiadores y las cacerías.

Pruebas del péntatlon: la carrera del estadio, el salto de longitud, el lanzamiento de disco, el de jabalina y la lucha.
Naumaquias
Con esta palabra griega se designaba un especial modo de enfrentamiento deportivo consistente en un combate naval en miniatura representado para divertimento del pueblo. Eran realizados sobre la arena del anfiteatro inundado o en determinados lugares que por su situación presentaban condiciones favorables para el espectáculo acuático. Como los juegos circenses y luchas gladiatorias, revistieron cada vez mayor esplendor, siendo también más admirados por el público. La primera naumaquia que se conoce fue construida por Augusto en el actual barrio Trastévere, al lado del Tiber.Rara vez se representó en el mar, normalmente se preparaba una laguna artificial o se aprovechaba un lago natural, para que los espectadores pudiesen contemplar cómodamente las peripecias del combate.
LAS OLIMPIADAS COMO ESCENOGRAFÍA DEL PODERUna sociedad teocéntrica como la romana no desaprovecha la oportunidad cuando se trata de hacer propaganda del poder imperial. Si tenemos en cuenta que, los juegos organizados por los magistrados constituían una parte del aparato ideológico, a partir del momento en que los juegos plebeyos pasan a ser anuales, pueden ser interpretados también como parte de ese mismo aparato y, en tanto que tal, pasan a encontrarse en el centro de los antagonismos que enfrentan a la plebe y a los patricios, en lucha por el control del poder político, por la hegemonía.
La concepción romana del deporte como espectáculo hace que las autoridades incluyan dentro del programa olímpico alguna de las brutales especialidades de los Juegos circenses. Por otra parte, el intento por parte de algunos emperadores de servirse de las Olimpiadas como escaparate para la exaltación de su poder terminó por quitar el poco crédito que les quedaba a este tipo de celebraciones.DECLIVE DE LAS OLIMPIADAS EN LA ANTIGÜEDAD
La progresiva degradación de las Olimpiadas se hace patente durante el imperio Romano y terminará por provocar la desaparición de este tipo de celebraciones. El sentido original del deporte fue perdiéndose, los griegos competían solo por la gloria, ese carácter "deportivo" desaparece y los Juegos Olímpicos empiezan a comercializarse, cargándose de agresividad y brutalidad que no respondía al espíritu religioso de los comienzos.En el año 394 (d.C.) el Emperador Teodósio promulga un edicto para que los Juegos desaparezcan definitivamente.
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4 comentarios:

Luis dijo...

Enhorabuena por estas entradas sobre arte y deporte. En la última se puede apreciar la diferente visión de la vida que tenían los etruscos y los romanos.
En el anterior Slide impresionan algunas imágenes:¿En qué pensará el Auriga de Delfos?¿Y el Gladiador Borguese y el Boxeador del Quirinal?¿A dónde miran?¿Es sangre el óxido en las manos del boxeador?
Saludos

Ana dijo...

Grecia, Etruria y Roma, aunque tienen aspectos comunes en las formas artísticas, el estímulo vital que plasman en el arte parte de realidades diferentes: Grecia, civilización antropocéntrica, da valor al ser individual que compite por alcanzar el triunfo; Etruria, dominada por una poderosa aristocracia y con creencias religiosas arraigadas, convierte el rito funerario en una ceremonia casi festiva en honor del difunto; y Roma, sociedad teocéntrica, utiliza la actividad deportiva como espectáculo de propaganda del poder.
En cuanto a la interpretación de la obra de arte, pienso que ante cada espectador se abren distintas posibilidades. La capacidad de sugerencia de algunas obras de arte se une a la sensibilidad del que las contempla. Así el espectador, activo, completa la obra y elige uno o varios de los caminos que se abren ante su mirada.
Pienso que la falta de expresividad del Auriga de Delfos refleja la idealización del arte griego, mientras las otras dos esculturas son mucho más realistas siguiendo la evolución de la escultura en la etapa helenística, presentan más expresividad y dinamismo, muestran algún tipo de sentimiento (soledad, cansancio, esfuerzo...). ¿Qué te sugieren a ti?
Saludos

Luis dijo...

En el Gladiador Borghese hay miedo, e incertidumbre por el resultado del combate. Sabe que está en juego su vida.
El Boxeador del quirinal ha ganado la última pelea, y transmite un sentimiento de honda pena, quizás por haber matado a su contrincante y saber que aún necesitará derrotar a muchos otros antes de sucumbir él mismo al enfrentarse con un rival más fuerte.
El Auriga de Delfos no es de este mundo. Se trata de la imagen de un dios humanizado. Está más allá del sufrimiento o la alegría que comportan las carreras de bigas o cuádrigas. Sabe que todo está decidido de antemano. En el primer plano de su cabeza parece esbozar una ligerísima sonrisa, como burlándose de las inquietudes humanas, como riéndose de los que creemos que se puede modificar el futuro.
Saludos.

Ana dijo...

Tienes una gran sensibilidad. Tu interpretación de la obra de arte va más allá de la apariencia. Tienes una mirada privilegiada que enriquece la obra llenándola de contenido. ¡Enhorabuena!
¡Que tengas un buen verano y ...pasa por el blog de vez en cuando!
Saludos

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