domingo, 26 de abril de 2009

EMILIO LLEDÓ RECORRE CON SU MIRADA LA EXPOSICIÓN: "ENTRE DIOSES Y HOMBRES"


Para aquellos que no han tenido la oportunidad de acercarse al Prado para disfrutar de la exposición “Entre dioses y hombres” que reunió más de 60 esculturas clásicas procedentes del Museo Albertinum de Dresde (Alemania) y del Museo del Prado, dedico esta entrada. La belleza de estas obras de arte es subrayada por una mirada privilegiada: la de Emilio Lledó. Bastan sus palabras.


Lo bello es difícil
Al entrar en el Prado para recorrer con la mirada la exposición, no podemos por menos de recordar una palabra maravillosa de las muchas que hemos heredado de la cultura griega y que, espero, no se nos vayan olvidando. Esa palabra es el "asombro" (thaumasía). Parece que fue esta extrañeza ante los misterios del mundo, ante la armonía de los astros, ante la luz y la belleza que podían mostrarnos, lo que provocaba ese asombro. Asombrarse suponía descubrir lo "otro" y saber establecer esa distancia que nos permite entender. Si vivimos saturados de entorno, aplastados de noticias que no queremos o no podemos discernir; si no sabemos intuir esa lejanía necesaria para mirar, para entrever, incluso para tocar lo que nos rodea, estamos en el camino, en el mal camino, de perder la sensibilidad y, por supuesto, la inteligencia. Fue el asombro, la distancia, el no querer dar por hecho nada de lo que observábamos, lo que originó, decían los griegos, la filosofía, o sea, la curiosidad, el apego, la necesidad y la pasión por entender y entendernos.

UNA EXPERIENCIA ASOMBROSA
Es, pues, la visita a esta exposición de esculturas del Museo Albertinum de Dresde y el Museo del Prado. El primer momento de asombro, de distancia ante tanta belleza, es el que nos lleva a pensar que fueron ellos, los griegos, quienes la inventaron al debatir largamente sobre esa palabra "bello" (kalós), que junto con la "verdad" (aletheia) y la "justicia" (dike) marcaban y nutrían el espacio de la cultura, de la paideia. La cultura, entendida no como un bloque de artes, conocimientos y saberes, sino como un proceso, una construcción encarnada en la estructura natural, la physis; un dinamismo que convertía a ese animal atado a todos los instintos de los otros animales en animal que con el logos, con la palabra, con la capacidad de entender y crear, trascendía los límites de su propia animalidad y entraba así en un territorio absolutamente nuevo, el territorio de lo humano. Y en él, no sólo la palabra nos distinguía, sino también la mirada: el aprender a mirar y, desde esa mirada, descubrir el querer, el amar.
Hay testimonios literarios suficientes para definir esa cultura de la luz, de la iluminación que el romanticismo alemán empezó a llamar el "milagro griego". Basta recordar aquel comienzo de un libro clásico en los orígenes de la filosofía cuya primera línea dice: "Todos los hombres tienden por naturaleza a mirar". A mirar sabiendo, claro está, porque esa mirada, esa "idea", era etimológicamente resultado de la visión. Los ojos y la luz. Sobre todo esos "ojos del alma" que dentro de la frente "se hermanaban con la luz del sol" y levantaban el sueño de los ideales hacia los que tendía otro de los grandes principios del mundo griego, la democracia. Porque la mirada, el entendimiento, requiere y exige libertad: ese dominio infinito de posibilidades por donde navegan los también infinitos deseos de los seres humanos. Fruto de esa libertad fue la ciencia, la filosofía, la tragedia, la lírica, la épica, la política, la historia, la comedia, la ética... todos esos campos que inventaron los griegos y por donde empezaron a sembrar las semillas y en muchos casos los grandes árboles que hoy, casi sin saberlo, nos cobijan y alimentan.

ES UN ACIERTO, ENTRE OTROS MUCHOS, que la exposición, a la que acompaña un excelente catálogo, se abra con esa imponente estatua de Zeus Eleutherios, el dios que da libertad, el dios liberador que no sólo les habría dado la victoria sobre los persas.

Podríamos imaginar que algunas de estas obras estaban colocadas en determinados lugares del ágora de Atenas, del espacio público, donde la palabra de los sofistas, los diálogos sobre sucesos y opiniones era el instrumento imprescindible de humanización y democracia. Un dios de libertad, que nunca necesitó de una clase sacerdotal que tuviera poder real sobre los ciudadanos diciéndoles qué tenían que entender, qué tenían que hacer. Unos dioses, pues, liberadores y liberados ellos mismos de cualquier manipulación engañosa, y sólo cobijados en el, una vez más, asombroso mundo de los mitos, ese hallazgo exclusivo de los hombres. Es verdad que algunas veces la política quiso manipular esa religión desterrando y condenando a los negadores de la existencia de los dioses "de la ciudad" que los tiranos y sus aprendices habían pretendido incorporar, de alguna manera, a ciertas formas de corrupción del poder. Esta religión de la libertad que en principio nadie administró fue, sin duda, uno de los fundamentos esenciales de la cultura griega y el que, en buena parte, la hizo posible.
EN EL MUNDO DE LOS DIOSES Y HÉROES se manifestaban los deseos y esperanzas humanas. Otro "logro para siempre", que expresó un texto de uno de aquellos siempre vivos maestros: "Amamos el conocimiento, amamos el saber, pero sobre todo amamos la vida". La vida que nos ofrece el gozo "de los sentidos, y entre ellos, sobre todo el de poder ver". Una religión, pues, de la vida, de la vida real de los hombres. "Hermano, permanece fiel a la tierra", ya que es esto lo único que tienes. Por ello fue, además, una religión que, después de Fidias, se atrevió a desnudar a sus dioses y héroes, a alegrar la mirada en esos hermosos cuerpos en los que se vislumbraba no sólo el amor hacia los seres, sino la idea de una incesante superación. Un canon, pues, para el cuerpo, y un canon de libertad, armonía y progreso para la mente.
Si contemplamos el Diadúmenos, se nos hace presente el asombro al que me refería: un cuerpo tal vez soñado, rozado ya por el aire de la perfección, pero un ser humano cuya mirada sin pupila está, paradójicamente, llena de luz. Esa luz que era condición necesaria de la vida, de toda la vida, de todo momento de la vida. "¡Padre Zeus, libra de la espesa niebla a los aqueos, serena el cielo, deja que nuestros ojos vean, y destrúyenos, ya que así te place, pero en la luz!", exclama Ayax en la Ilíada. No me resisto a reproducir otro texto de esa cultura de la luz. "Los compañeros dormían alrededor de Diomedes, con las cabezas apoyadas en los escudos y las lanzas clavadas por el regatón en la tierra; el bronce de las puntas lucía a lo lejos como un relámpago del padre Zeus". Diadúmenos tiende sus ojos luminosos al suelo que le sostiene con una mirada lejana y próxima, entristecida y alegre en su acogedora serenidad. No es extraño que en un momento supremo del ideal griego surgiese la unión de la belleza y la bondad, creando una palabra que unía ambos conceptos: la kalokagathía, algo así como lo "bellibueno": la belleza traslucía desde la bondad. Este concepto desgraciadamente tan desgastado y que, unido a la veracidad, al no engaño, propio o ajeno, podríamos rebajarlo, en nuestros tiempos, a un término más modesto, pero no por ello menos necesario: la decencia.

Para la enfermedad moral de la doble verdad, de la hipocresía, se ha esfumado la decencia entre una serie de siniestras consignas patológicas que trastornan la mente de los seres humanos. Por ello, es un salto de alegría, en la conquista de la realidad y de la vida, esa -¿cómo adjetivarla sin tópicos?- Venus de Medici: un cuerpo bellísimo, pura y hermosa naturaleza, pero con los brazos y los pies rotos por la historia. El olvido y la desmemoria rompen también manos y pies, pero, a pesar de tales quiebras, ese busto nos descubre en el imposible abrazo de la vida el abrazo inagotable de la inmortalidad. Una inmortalidad tan evidente que hoy su contemplación nos da lenguaje y nos alienta. "No moriré del todo", escribió el poeta que admiró probablemente, hace más de veinte siglos, esas estatuas. "No me devorará la sucesión de los años ni la incesante fuga del tiempo".Tal vez eso que escapaba al mordisco de la temporalidad era esa palabra que ha definido siempre al arte 
 más eterno: lo clásico.
NO SOMOS PLENAMENTE conscientes de esas lecciones que aún no hemos asimilado y que tienen su origen en esta tradición que hizo posible el que hoy sigamos luchando por la cultura como fuerza y dinamismo, como energía (enérgeia), como educación de la mirada, como forja de la posibilidad y la igualdad. Es verdad que también descubrieron la tristeza, el dolor, la melancolía: "¿Por qué tantos hombres excepcionales en la filosofía, la política o la poesía son melancólicos?". Esa melancolía, "el gesto supremo del espíritu", no logró empañar la alegría del más acá, la alegría de vivir. Una de las maravillas de esta exposición es, por ejemplo, ese relieve de una ménade pensativa. Las ménades eran, como es sabido, esas mujeres poseídas de pasión que cuidaron de Dioniso niño y formaron después parte de su cortejo. Se las representaba desnudas o cubiertas, como ésta del Museo del Prado, con un velo 
muy fino que transparenta el cuerpo y que vuela luego a sus espaldas suavemente dominado con una mano. La otra sostiene el tirso típico de las fiestas dionisíacas. La melancolía del rostro que también mira al suelo lo alegra ese movimiento de extraordinaria sensualidad en un cuerpo que parece desfallecer, mientras la rodilla levemente doblada, anuncia el baile que apenas entrevemos en esa otra maravillosa ménade de Dresde que, sin brazos, casi sin rostro borrado por la impiedad del tiempo, hace ver la alegría de vivir.
Pero también la sabiduría griega nos entregó otro de sus descubrimientos expresado en una no menos asombrosa frase: "El hombre es el más inteligente de los seres vivos, porque tiene manos". Aristóteles, que cita este dicho atribuyéndolo a Anaxágoras, comenta que "esa inteligencia se debe a que es capaz de utilizar un gran número de utensilios, de instrumentos, y la mano es el instrumento de los instrumentos, el órgano de los órganos". Esa poesía (poíesis) sobre el mármol era obra de las manos. El filósofo que imaginó ese poder de las manos dijo también que "todo artista, todo creador, ama su obra porque ama el ser... que consiste precisamente en sentir y pensar". No dejen reposar los ojos en esta exposición. Salimos de ella limpios, purificados por esa catarsis -esa otra palabra de la tragedia y el arte griego- que aseaba, renovaba, la mente, y nos libraba de la pesadumbre del existir diario, de la maldad y la miseria.
ME PERMITIRÉ, AL FINAL, una pequeña coda, anacrónica, me temo. No podía dejar de pensar en ello, cada vez que iba al museo, y casi siento como un paradójico deber el evocarlo. Esta exposición enseña muchas más cosas, pero entre ellas: la sorpresa, el asombro del arte, el amor a la vida, a la verdad, a la educación, a la sensibilidad de la mirada, a la reflexión, a la libertad. He visto muchas veces, en los museos de Berlín, sentados en pequeñas sillas puestas a disposición de los alumnos, grupos de niños, de jóvenes, escuchando a una profesora que les enriquecía, con sus palabras, la mirada y, por supuesto, la inteligencia.
Esa educación de la mirada es un antídoto necesario para ese chisporroteo de crueldad y violencia de muchos de los llamados videojuegos, y en los que, desgraciadamente, los jóvenes no son sólo sujetos pasivos en la visión de inacabables monstruosidades, sino que son personajes activos que practican, con las teclas adecuadas, la frialdad, la indiferencia ante un imaginario y siempre posible aniquilar, matar, suprimir. Nada que ver con los viejos tebeos de aventuras, incluso con las películas más o menos violentas. En el pulso de esos teclados se aprenden y domestican, como amarrados perros de Pavlov, los reflejos condicionados que suavizan y vanaglorian la muerte y el horror ajeno.
Después de un largo debate sobre la belleza, uno de los diálogos de Platón concluye: "Me parece que me ha sido beneficiosa la conversación con cada uno de vosotros. Creo que entiendo ahora el sentido del proverbio que dice: Lo bello es difícil".
EMILIO LLEDÓ

El asombro del arte, el amor a la verdad, a la sensibilidad de la mirada, a la libertad. todo eso enseña, en palabras del filósofo y académico, la exposición "entre dioses y hombres" del Museo del Prado. en su visita vio mucho más que sesenta esculturas clásicas: encontró toda una celebración de la vida y el goce de mirar. (EL PAÍS 18/01/2009)

martes, 14 de abril de 2009

HOKUSAI: MAESTRO DE LA ESTAMPA JAPONESA

En esta entrada presento el excelente trabajo de Nicolás Svistoonoff, artista y profesor de pintura de la Universidad Central Quito, sobre uno de los maestros de la estampa japonesa.


viernes, 10 de abril de 2009

CAIXA FORUM. MADRID


"En Madrid, en una zona degradada del Paseo del Prado, justo enfrente de la Puerta Real del Jardín Botánico, se conservaba hasta hace muy pocos años el edificio abandonado de la antigua Central Eléctrica del Mediodía, importante ejemplar de arquitectura industrial de finales del XIX. En este lugar, la Obra Social la Caixa decidió asentar el centro cultural Caixa Forum, encargándole el proyecto correspondiente a los arquitectos suizos HERZOG & DE MEURON, Premio Pritzker 2001 (una especie de Premio Nobel de la arquitectura). Como en toda actuación sobre una pieza del Patrimonio Arquitectónico había algunos condicionantes; en este caso la obligación de conservar la fachada de la vieja fábrica por estar catalogada como Bien Cultural.

El resultado final no deja insensible al espectador; pero la impresión es muy distinta de la que puede causar el Gughenheim de Bilbao, en donde se espera todo y se está dispuesto a “recibir” todo.
Y muy distinta, también, de la rehabilitación que los mismos arquitectos hicieron para la Tate Gallery, en Londres, de la Sala de Turbinas de otra central eléctrica abandonada.

El proyecto Madrid suscita reacciones que van desde la fascinación a la perplejidad. La fascinación llega desde la fachada neomudejar, exquisitamente restaurada, desde la decoración de sus ventanas y desde su bellísima cornisa. Y llega también desde la solución estructural que hace levitar al edificio sobre el terreno. Interiormente, esta fascinación se acomoda en los espacios expositivos, en las escaleras de mármol y de acero inoxidable, en las celosías de la planta superior, donde se ubican la cafetería y el restaurante.

La perplejidad nace en el tratamiento dado a un edificio histórico que ha tenido que ser conservado y rehabilitado para un uso distinto del original. La fachada no se ha conservado en su integridad puesto que se ha eliminado el zócalo de piedra que soportaba los lienzos de ladrillo porque, al parecer, “no tenía valor”, como si el sostener la fachada no fuera poco, como si el carácter tosco (aunque un algo renacentista en su almohadillado), casi ciclópeo de los sillares no tuviera un valor siquiera industrial. Pero al eliminar ese basamento para conseguir el efecto de levitación la fachada pierde su valor estructural mientras que su otra función, la de cerramiento, se ve cuestionada con el tapiado de sus huecos, con la apertura de huecos nuevos en nada concordantes con los antiguos. La fachada se convierte, aparece en simple telón decorativo.
La perplejidad persiste al advertir que el viejo edificio ha sido vaciado totalmente y se ha “rellenado” con algo que no tiene relación alguna con las fachadas, La prolongación en altura del edificio, a base de unos lienzos de acero corten resulta por un lado un algo desmedida, como si se le hubiera ido la mano al proyectista; pero, por otro lado, enlazan cromáticamente con el ladrillo del Ministerio de Sanidad, con el edificio de Pueblo, con la ampliación del Museo del Prado de Moneo…

































LAS CELOSÍAS
Podríamos considerar el edificio como una metáfora de la Restauración, levitando en busca de la excelencia de la memoria que pretende conservar; pero abrumado por la tentación de lo contemporáneo en form
a de un “sombrero de copa” de acero. Pero también puede ser una metáfora del valor contradictorio del ladrillo, convertido aquí en la que algún crítico ha calificado como “caja de acontecimientos arquitectónicos”.
El mismo crítico duda si el particular tratamiento de la fachada es un homenaje a un material constructivo que ancla sus raíces en la antigua Mesopotamia o “lo convierte definitivamente en un despojo”


Al cabo, el espectador rodea inquieto el edificio, pasea por la plaza “edificada”, se pregunta si un jardín puede ser vertical y acaba refugiándose en la luminosidad de las escaleras y en el sosiego de los espacios para acabar descansando un rato entre las celosías conventuales de la plana superior… divagando sobre todo lo anterior. Una suerte de emoción que redime al edificio de sus contradicciones".
Bernardo de Sens
“CaixaForum parece flotar como una nube –indica Jacques Herzog–, pero lo significativo es que atrae a los paseantes hacia su interior, como si fuera un imán.” “Hemos logrado –agrega Harry Gugger, socio de Herzog & De Meuron y encargado de la dirección de esta obra, como en su día lo fue de la Tate Modern– un edificio con cualidades cívicas, que invita al diálogo y la cultura. Ese era nuestro objetivo, y creo que lo hemos alcanzado con creces.”

LAS ESCALERAS

El espacio interior es una caja de sorpresas que juega con materiales y formas.

Escalera de chapa metálica, de la entrada principal, con figuras geométricas.
La escalera interior con estructura helicoidal
EL JARDÍN VERTICAL DE PATRICK BLANC
Se ha decorado con una “pared vegetal” el lateral de uno de los edificios adyacentes, que quedó al descubierto al ser desmantelada la gasolinera que antes se ubicaba en el lugar donde ahora ha nacido una pequeña plazoleta que hace de antesala al Caixa Forum.

"Las plantas no necesitan tierra, sólo agua, minerales, luz y dióxido de carbono". A partir de tan sencillo axioma, Patrick Blanc construyó por primera vez un jardín vertical en 1988, concretamente en el museo de La Villette de París. Su invento está presente hoy en ciudades de todo el mundo: París, Bruselas, Nueva York, Osaka, Bangkok, Nueva Delhi y Génova, por citar algunas. El de CaixaForum Madrid no es sólo el primero instalado en España, sino también el mayor que se ha implantado hasta la fecha en una fachada sin huecos, pues ocupa una superficie vegetal de 460 m². El resultado lo compone una sorprendente "pintura viviente" multicolor que, más allá de su atractivo estético, actúa como un eficaz agente medioambiental. El jardín vertical dibuja un impresionante tapiz natural formado por 15.000 plantas de 250 especies, que han transformado en un sorprendente jardín una de las medianeras que delimitan el espacio urbano de CaixaForum Madrid.


Para más información sobre este artista-botánico-jardinero se puede vistar su web.

LOS ARQUITECTOS
Jacques Herzog y Pierre de Meuron fundaron el estudio en 1978. Harry Gugger y Christine Binswanger se incorporaron a éste en calidad de socios en 1991 y 1994, respectivamente. La sede principal del estudio se encuentra en Basilea, si bien existen actualmente oficinas satélites en Madrid, Pekín, Londres, Nueva York, Munich y San Francisco.

Herzog & de Meuron han llevado a cabo una serie de edificaciones museísticas reconocidas internacionalmente, como la Colección Goetz, en Munich; el Museo Küppersmühle, en Duisburg, o, su diseño más conocido, la Tate Modern en Londres, para la Fundación Emmanuel Hoffmann en Basilea.

martes, 7 de abril de 2009

"OLHA QUE BLOG MANEIRO"

“O Segrel do Penedo y "Artechachi" me han pasado el premio que les otorgó "Olha que blog Maneiro!" ("Mira que blog tan creativo, tan bonito!")
Es una excelente idea y un medio para difundir blogs muy atractivos que, en algún caso, desconocíamos.
Estar en esa lista es una satisfacción y agradezco a blogs tan creativos como “O Segrel do Penedo” y “Artechachi” haberme incluido en ella.


Este regalo está regido por unas normas:

Después de una difícil selección paso el premio a los siguientes blogs:

viernes, 3 de abril de 2009

RESTAURANDO A CATEDRAL


Tras las obras de restauración de la Catedral de Santiago de Compostela realizadas entre 1990 y 1998, se hizo una exposición y se editó un catálogo a partir del archivo fotográfico obtenido durante su ejecución. Resulta de enorme interés documental puesto que permiten apreciar el valor de este tipo de intervenciones y su importancia en la conservación del patrimonio artístico.

En esta entrada presento parte del contenido textual y fotográfico del catálogo. Se añade además un artículo ilustrativo sobre la pátina de estos edificios y sus delicadísimos métodos de limpieza y restauración.
RESTAURANDO A CATEDRAL
A fotografía é un dos métodos de documentación de obras de restauración máis eficaces e menos utilizados. A exposición mostra unha selección de instantáneas de obra, cunha intención máis documental que artística, captadas polo persoal da empresa constructora durante a execución de obras feitas na Catedral de Santiago de Compostela nos últimos once anos.

As restauracións realizadas no catedral de Santiago durante os últimos anos culminaron coa concesión do premio "Europa Nostra", no ano 1999.
HOMES,MÁQUINAS, FOTOGRAFÍAS
“A singularidade do ámbito no que desenvolve o seu traballo proporciónalle ó constructor-restaurador algunhas experiencias pouco comúns na súa profesión. Trátase dun escenario definido xa de antemán polos seus valores éticos e estéticos no que se leva a cabo un demorado proceso de entendemento do preexistente e de consentimento do que coidadosamente se realiza.
O gozo deste ambito encamíñase, no meu caso concreto, cara a dous aspectos: a presencia do home nos traballos e o encontro fuxitivo das vellas fábricas coas máquinas que se utilizan. Xa o Códice Calixtino admirábase hai oito séculos dos mestres Bernardo e Esteban e dos cincuenta canteiros que construían a basílica románica compostelana;

hoxe son os herdeiros daqueles mestres e canteiros os que seguen a conservar e restaurar a "montaña sagrada de calada pedra", que dixera o poeta, aplicando os mesmos procedementos do oficio e utilizando artefactos e enxeños que non son moi diferentes daqueles que coñecemos polos debuxos e pinturas medievais. Pois ben, destas cousas tratan as fotografías que compoñen esta exposición tomadas polo propio constructor ou baixo as súas directas indicacións durante algúns dos traballos de restauración realizados na Catedral de Santiago entre 1990 e 1998.

A fotografía dunha obra en execución é moi semellante á fotografía xornalística dun acontecemento fugaz que non se volve a repetir. O reporteiro gráfico tense que adaptar a unas condiciones de luz incontroladas, buscando en décimas de segundo un punto de vista eficaz entre moreas de xentes e  cousas interpostas  diante do obxectivo, coa única axuda da súa experiencia profesional e dos seus aparellos  profesionais.

O fotógrafo das obras en execución, que é o arquitecto ou o técnico da empresa constructora, fainas co sol de fronte ou de costas, con néboa ou con chuvia ou cun pouco de todo; subido enriba dunha estada retorcéndose para enfocar o tema escollido, mentres unha barra de aceiro bátelle nas costas ou lle queda un pé pendurado no aire. O casco báilalle na cabeza e non o deixa mirar polo visor. O flash non chega a nada. Ás veces necesita o teleobxectivo que deixou na caseta da obra ou acábase o carrete e non pode baixar e subir pola estada porque, ademais do mal dado que é tal camiño, pode atopar ó regreso que o interese do momento se ten esvaecido.

O fotógrafo, que é un afeccionado que usa unha máquina de domingueiro e películas das que se revelan nunha hora, satisfai a súa necesidade de conseguir unha foto que exprese o mellor posible como eran as cousas cando el chegou á obra, que se fixo nelas e como quedaron ó final dos traballos. 
Entre unhas fases e outras pasan días e múdase a claridade, a luz, o clima, a hora do día ...
O fotógrafo, por outra parte, deixándose levar pola admiración e respecto que lle producen, aproveita a ocasión para recoller a imaxe duns homes facendo un traballo antigo, artesán, arriscado, mesmo pintoresco... perdidos polas cubertas, case camuflados no bosque de pináculos e balaustradas.
Finalmente, ó reporteiro de ocasión cábelle a posibilidadedunha certa percepción ou intuición da plástica que se esconde no estar dos obreiros no monumento ou na referencia
"mondrianesca" da estada ou na lonxanía difusa da cidade. De maneira que as eivas do seu amateurismo e das insólitas condicións da toma poden compensarse polo valor documental da fotografía o por un eventual acerto na composición e na cor. Tan así son estas cousas que non é desencamiñado pensar que a mesma fraxilidade técnica deste tipo de fotografías é xa un valor en si mesma, un xeito de garantía da súa espontaneidade, da súa frescura, da súa humanidade. Son a síntese escorregadiza desa fase na que os soños do arquitecto transfórmanse en realidade; unha fase de case exclusiva pertenza ó constructor-restaurador.

Non pode estrañar, ó cabo, que o constructor-restaurador, rematado o seu traballo sobre o monumento coa eficacia profesional que se lle esixe, se recree nestas fotografías que lle ofrecen a memoria deses intres imprecisos e pasaxeiros, e máxicos moitas veces, do desenvolvemento das obras. E mesmo pode chegar a ocorrer que a súa feitura artesanal e o seu indubidable valor documental as leve desde a utilidade a unha incerta beleza.”  Gonzalo Rey Lama

ACTUACIÓNS DE MANTEMENTO:

A pel da catedral é dura e de materiais que xulgamos eternos (polo menos xeolóxicamente perdurables). Pero a bioloxía é moi teimuda, e os seus axentes de todo tamaño e condición (microorganismos e algas, criptógamas e fanerógamas, fungos e aves, a notable contribución dos erros humanos), xenerosamente axudados en Galicia por ventos e chuvias, relativizan esa perdurabilidade. O exame desde o detalle e a proximidade permite descubrir fisuras, desgastes e caries ocultas como as que os odontólogos sempre nos atopan cando facemos a preceptiva revisión anual da nosa dentadura. Cómpre daquela facer limpezas, tratamentos, restauracións ou reposición de pezas ... loitar contra a entropía, conservar a ilusión ou as ansias de eternidade, de inmortalidade, retrasar ese inevitable momento xeolóxico no que os monumentos levantados por esta ensoberbecida especie animal rematen convertidos en montóns de area.

E faise tentando, ó mesmo tempo, reparar os efectos do tempo, deter ou retrasar a acción do tempo e conservar as marcas do tempo. Por iso procúrase limpar sen dano da pedra, conservar liques non agresivos que dan esa coloratura da pel do monumento á que estamos afeitos, repoñer elementos seriados (bolas, pináculos, varandas) con pezas extraídas das mesmas canteiras que as orixinais perdidas, retirar elementos de ferro oxidados que rebentaron a pedra e substituílos por outros de bronce que non se oxidan, como facían os antepasados máis sabios. Ás veces, é necesario probar unha e outra vez ata atopar solucións convincentes ... ante o desconcerto dos composteláns que ven levantar e repoñer a reixa do Obradoiro ata tres veces en poucos meses.

Daquela utilizáronse teas e cartóns asfálticos como materiais impermeabilizantes para as cubertas rematadas con lousas de pedra, e tellas asentadas con masa directamente sobre placas de taboleiro cerámico para as cubertas restantes. O natural avellamento destes materiais impermeabilizantes obrigou a novas restauracións das cubertas conforme se manifestaban entradas de auga.
Carlos Almuíña Díaz

"La pátina es una película muy fina, como una piel, que recubre la superficie de la piedra de los edificios antiguos y se debe a dos causas fundamentales:
1.- La intervención humana, que aplica tratamientos protectores o estéticos (entonar el color, policromías…) de la fábr
ica a la piedra; una práctica que se remonta al siglo VI a.C.; y que fue habitual en Grecia y Roma. En España existe un amplísimo repertorio de grandes monumentos en los que se han aplicado estas técnicas.

En las catedrales gallegas de Santiago, Tuy y Mondoñedo; en la iglesia de Santa María de Pontevedra... hay abundantes testimonios de estas pátinas originales. Las estratigrafías de la Catedral de Santiago de Compostela muestran la sucesión continua de recubrimientos entre los siglos XII y XX: sobre los policrómatos del Románico aparecen los del Gótico, las transparencias del Renacimiento, los estucos del Barroco, los monocromatones pardos del XIX y finalmente la cera de abejas con azufre de los tratamientos de 1960, todo lo cual cumplió una función protectora de la piedra subyacente. (1)
2.- Los procesos naturales, como consecuencia de las reacciones físico-químicas que se producen, a lo largo del tiempo, entre los componentes de la piedra o de la propia pátina con agentes naturales externos: humedad (principalmente), contaminación, excrementos de animales, colonizaciones vegetales, descomposición y cristalizaciones de los componentes de la piedra, heladas, etc. Todo ello provoca un mal aspecto de la fábrica (ennegrecida…) y la pérdida de materiales de la superficie de la piedra que se manifiestan de modo más evidente en la perdida de los detalles más acabados de las esculturas, escudos, aristas...o en la rotura de cornisas, recercados de huecos...
El observador profano de un edificio histórico lo primero que advierte son las manchas negras, que intuitivamente relaciona con la lluvia y la contaminación atmosférica, y la abundancia de musgos y plantas; y piensa que debajo de esta capa mugrienta está la piedra original.

En Galicia hay ejemplos abundantes de estas intervenciones y de las polémicas que algunas de ellas han provocado. El pórtico occidental de la Catedral de Tui fue objeto de una limpieza exhaustiva y rigurosa que lo dejó con una apariencia reclamante, con un cierto carácter impersonal, al lado de las fábricas del mismo monumento no restauradas. El rechazo al aspecto final de la fachada, siempre discutible desde perspectivas

estéticas, parece ignorar que a la fachada, una vez limpia, se le aplicó un tratamiento protector contra la humedad y de entonación cromática que no es más que el uso de una técnica medieval. En la Catedral de Santiago, la portada de Platerías fue objeto de una intervención semejante, realizada por los mismos especialistas, con los mismos resultados polémicos.

La restauración en 1998 de la fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago (posterior a la de Platerías), planteó desde el primer momento y para salir al paso de las críticas anteriores, la obligación de que esta restauración fuera manual, con uso de un cepillo blando y, si acaso, un poco de agua, a ser posible nebulizada; “huyendo” de una intervención más sofisticada y evitando cualquier acción agresiva que pudiera “herir” la piedra. Las recomendaciones, en líneas generales, fueron las siguientes:




La recomendación en este caso era matar la raíz y extraerla cuidadosamente para no arrancar granos a la piedra donde, como las plantas anteriores, han llegado a “anclarse”.
Pasados once años de aquella intervención, la fachada del Obradoiro presenta una imagen en la que la vegetación superior (a las flores de los jardines de piedra de la Catedral, las ha llamado alguien) ha vuelto al lugar donde solía; las manchas negras y verdes crecen mucho más pausadamente, mientras el sol del atardecer enciende los restos de las que un día encontraron allí un lugar donde vivir".
Gonzalo Rey Lama


(1) Cabrera, José María: "Problemas de restauración de fachadas: la pátina de la piedra." En Actas Delhi Congreso Internacional Antiguos espacios para nuevos tiempos. El material pétreo y sus fábricas en el patrimonio. Ed.Consorcio de Santiago. Santiago, 2005
(2) Guitián Ojea, F. "O estado da pedra nos monumentos galegos: diagnose. En A pedra no restauro". Ed. Xunta de Galicia. Madrid 1987,

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